
Abrió el periódico por el final, como de costumbre. No era una persona a la que le gustase hacer las cosas de manera estipulada. Cogió el café y bebió un sorbo. Estaba caliente, negro y amargo. No le gustaba endulzar las cosas ni las situaciones y el café no tenía azúcar. Y miró al techo y sintió que se le escapaba la vida por la puerta. (Se había olvidado de cerrarla)
Todas las mañanas hacía exactamente lo mismo, y todavía no se había dado cuenta de que no era tan distinto al resto. Pipp lloraba por la vida que se le iba. Y Casandra seguía en su casa sola. Y fuera empezó a llover.


