sábado, 2 de mayo de 2009

2 de mayo


-Eres increíble Sam.


Y mientras, Sam seguía girando, y moviéndose sinuosamente, como una serpiente. Parecía un torbellino, y su piel, dorada, prácticamente brillaba. Sus delgados brazos parecían quebrarse con cada movimiento y el viento le agitaba el pelo, ocultando su rostro de duende.


-¿Puedes parar y escucharme? ¿Qué quieres? ¿que siga gritando? ¿que siga tratándote como a una niña? ¿que deje que hagas y deshagas a tu antojo? Estoy harta Sam, harta. Harta de que desde que nos quedamos solas sea yo la que haya tenido que adoptar la figura de la madurez mientras tú sigues como si no hubiese pasado nada. Harta de matarme día y noche y que ni siquiera me lo agradezcas.- y las lágrimas, de sabor salado que recorrían sus mejillas color pomelo, pararon su discurso. Se calló y observó a Sam, que había dejado de bailar durante un momento. Los labios le temblaban, de rabia y de angustia, pero a su hermana no parecía llamarle la atención.


-¿Sabes qué? Si tan HARTA estás márchate.


Y sonriendo con suficiencia volvió a girar, al ritmo de las olas que rompían a pocos metros de ellas.

5 comentarios:

Amapola... dijo...

Estoy de acuerdo... Si algo te hace infeliz, déjalo... No es bueno sentirnos imprescindibles... Al menos es lo que a mí me funciona...
Los demás siempre pueden hacerlo sin mí y así yo puedo ser felíz...
Beshos!

Coco dijo...

como hermana mayor que a veces es más salvaje que su hermano, creo que visualizo fácilmente esta escena.

un besito cuore!! =)

.Amazonica dijo...

A veces la gente da demasiado por los demás sin saber que no son los otros quien los necesitan, sino ellos mismos.
un beso :)

Chocolate dijo...

Gente que vive su mundo y su ritmo, que no son capaces de empatizar, porque son demasiado egocentricos como para hacerlo.

A veces nos toca tener roles que no elegimos, pero por ser familia debemos saber llevarlos.

au revoir

aLba (*) dijo...

no hay que seguir algo que no nos hace vrdaderamente feliz